Por Florencia Roma

¿Qué sucedió el 17 de mayo de 1990? 

El 17 de mayo de 1990 se conmemora a nivel internacional el día en que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud removió a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, entendiéndola como una variación de la sexualidad humana. Esta decisión, se constituyó en una bisagra para sacar a una parte de nuestro colectivo de la patologización y el estigma y ubicarlo en el campo de los derechos humanos.

¿Qué consecuencias tuvo en nuestras identidades esta fecha? Un antes y un después.

Nuestras identidades, deseos, formas de vivir, familias, amores, sexualidades, pensamientos y un sinfín de sentires fueron considerados patológicos. Sin embargo, bien sabemos que estos parámetros con los que fuimos juzgades no eran más que falacias e imposiciones del mandato heterocisnormativo que formaba parte constitutiva de la ciencia y de la medicina. 

Esta patologización basada en el discurso médico y científico hegemónico, consolidó un sentido común que segregó, discriminó y violentó a lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans, intersex y más. Condujo a la criminalización de nuestras identidades (detenciones, requisas, persecuciones, códigos contravencionales, torturas, entre otras), marginación sociocultural, precarización y exclusión laboral, violencia institucional, entre una gran lista de consecuencias que aún se siguen sucediendo. Muchas de las leyes que surgen luego de este hito, son resultado de la intensa lucha de las organizaciones sociales para enmarcar sus reclamos bajo el paradigma de los derechos humanos. Esto significó tanto un resarcimiento a aquelles que sufrieron en primera persona la discriminación y la violencia como un fortalecimiento colectivo de los valores democráticos. Esto ocurrió hace 31 años.

Luego de que la homosexualidad fuera despatologizada por la Organización Mundial de la Salud en el año 1990, grupos e instituciones religiosas se involucraron progresivamente en la administración de estas mal llamadas “terapias” que tienen como objetivo modificar la orientación sexual o identidad de género. De hecho, varias fuentes indican que las organizaciones basadas en la fe o la religión son actualmente las promotoras más activas y prominentes de este recurso de ¨reconversión¨. La acusación de enfermes que pesaba sobre nosotres, sustentada en un falso conocimiento científico, fue removida el 17 de mayo de 1990 también sin evidencia que dijera que no estuviésemos enfermes. La única prueba que si se puede identificar es el trabajo político que llevó adelante el movimiento LGBTI+ por el reconocimiento de la diversidad sexual y de género como parte de la diversidad humana en todo el mundo, que en una lucha articulada globalmente dio impulso a una importantísima decisión que nos removió del estigma y la patologización. 

De todas formas, la OMS sostuvo por casi tres décadas más, la patologización a travestis y trans a través de la categoría disforia de género. La comunidad médica, a través del discurso médico hegemónico, sigue marcando cómo se debe ser normal. El año próximo la organización mundial de la salud comenzará a llamar “incongruencia” a lo que hasta ahora llamaba trastorno, produciendo un cambio positivo, pero no suficiente. Esta modificación sigue reproduciendo el mandato cisexista. 

Hablamos de odio, no de fobia

Nombrar odio a lo que históricamente denominaron fobia, es comenzar a poner el acento en el prejuicio que motiva los actos de violencia, discriminación y estigmatización que sufrimos las personas LGBTI+. Fobia es una conceptualización proveniente del campo psicopatológico en referencia al miedo irracional. Utilizar terminologías de este campo no hace más que banalizar y eximir de responsabilidades. 

La década del ´90 comenzó con un aire más diverso e impactó de manera significativa en nuestra sociedad en general y en nuestro colectivo LGBTI+ en particular. Diferentes activistas impulsaron y pusieron en agenda el acceso real de derechos de nuestra comunidad. Ese 17 de mayo preparó la transformación que al día de hoy se sigue llevando adelante. 31 años después, el camino para eliminar los resabios y consecuencias de nuestra patologización sigue siendo la lucha, el reconocimiento de nuestros derechos y la organización de nuestro colectivo. Este 2021 necesitamos con urgencia la sanción de la Ley de Cupo e Inclusión Laboral Travesti Trans a fin de contrarrestar la desigualdad estructural que impacta de lleno en la calidad y esperanza de vida de este colectivo. 

Por una sociedad que nos reconozca con igualdad en nuestras diferencias.